Sunday, July 26, 2015

Memoria de Enrique



La memoria, huidiza, opaca, transitoria, me engaña otra vez con sus mentiras.

Volverá -me dice-, volverás a verlo.
Te reirás con él como lo hacían antes: un mediodía con sol y cafés a la intemperie, en una esquina cualquiera de chismes y rumores.
Con ese gesto que ahora ya no encuentras se acercará a tu mesa y charlará contigo.
Habrá un cine, y una pequeña pantalla donde sombras, no siempre de la China, proyectarán lucecitas de color sobre vuestras fantasías.
Tres pinos retorcidos por el viento, al lado mismo de ese mar ajeno de color turquesa, te verán sonreír mientras él se acerca.
¡Hola!, te dirá sin más, como si nunca se hubiera ido para siempre.
Llevará una camisa sin cuello, de tela labrada y rayas muy finas, ¿la recuerdas?
Y la mano en la boca con expresión de susto, y el cigarrillo preparándose para escapar de sus dedos, de la misma punta de sus dedos... sostenido con asco y con rencor, deseando que por fin se aleje de su mano.
Lo verás frente a ti, absorbiendo distraído el humo gris hasta la última hebra de tabaco.
Volverá, ya verás.
Golpeará en tu puerta, te gritará desde la calle.

Estás muerto, le digo. Está muerto, me repito.
La memoria es, además de engañadora y turbia, zalamera y caótica.

Thursday, July 23, 2015

papelito



El cielo es un espejo de mi alma
rasgada por las aristas
del recuerdo.
El horizonte,
una bruma enardecida
por las brasas aún humeantes del día que se apaga.